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La compañía comenzó a proveer este producto a las oficinas del gobierno, con lo que el nuevonegocio de Ibuka y su grupo inició plena marcha a fines de 1945. Vino entonces el establecimiento de Tokyo Tsushin Kogyo (Corporación de Ingeniería de Telecomunicaciones de Tokio).
El 7 de mayo de 1946, más de veinte ejecutivos de la gerencia y del personal asistió a la ceremonia inaugural oficial de Tokyo Tsushin Kogyo (Totsuko).
El suegro de Ibuka, Tamon Maeda, fue nombrado presidente de la nueva compañía. Maeda había sido ministro de educación en los gabinetes de posguerra. Ibuka había preparado un folleto inaugural de la nueva compañía y lo había confiado a Tachikawa.

 
 

Pero como estaba tan involucrado en los preparativos de la inauguración, Ibuka se olvidó completamente de pedirle el folleto. Sin embargo, al consultarlo más tarde, reafirmó la importancia del documento y lo convirtió en el punto central de su discurso. Declaró: "Debemos evitar los problemas que aquejan a las corporaciones grandes en el proceso de crear e introducir tecnologías que ellas no pueden igualar. La reconstrucción de Japón depende del desarrollo de tecnologías dinámicas".

 
 

El folleto inaugural de la nueva compañía

 
 

La nueva compañía, que se capitalizó con ¥190.000, no tenía maquinaria y sólo contaba con algún equipo científico. Apoyados en su inteligencia y conocimientos técnicos, Ibuka y sus ingenieros comenzaron a crear mercados nuevos. Su creatividad e innovación serían sus únicas guías en un territorio desconocido. El presidente Maeda hizo eco en el discurso de Ibuka y subrayó a los ardorosos ingenieros jóvenes: "Hoy se ha iniciado nuestra pequeña compañía. Alimentada por sus tecnologías superiores y por su espíritu de unidad, la compañía crecerá. Y a medida que lo haga aportaremos una contribución real a la sociedad".

Así nació Tokyo Tsushin Kogyo ó Totsuko ó Corporación de Ingeniería de Telecomunicaciones de Tokio). A partir del día siguiente, todos trabajaron arduamente. A menudo quedaban absorbidos por sus labores hasta avanzadas horas de la noche, mucho después de que los grandes almacenes Shirokiya habían cerrado, y descubrían que se habían quedado encerrados, con todas las puertas bajo llave. A veces, policías llenos de celo los pillaban en las salidas de emergencia.
¿Quién podía culpar a un policía por tomar como ladrón a alguien que, avanzada la noche, salía furtivamente por una salida de incendios? Pero los jóvenes ingenieros hallaron una solución: duplicaron las llaves de la entrada principal y de las demás salidas y pronto circulaban libremente por el edificio.

 
 

Pero no pasó mucho tiempo antes de que se detectara el truco. Fue una época difícil, pero feliz, para este grupo de jóvenes. Tales diversiones no podían ocultar, sin embargo, las dificultades experimentadas por los ingenieros ante la falta de materiales.

El 8 de mayo, Ibuka visitó el Ministerio de Comunicaciones y recibió un pedido de cincuenta voltímetros de tubos al vacío. El problema era que los tubos al vacío eran difíciles de fabricar y encontrarlos en el mercado negro representaba viajes a Akihabara, en Tokio, o a la zona de Yokohama o incluso a la Prefectura de Ibaraki.
La situación no era mejor respecto a la maquinaria, pues la compañía no podía invertir sus escasos fondos en adquirirla y los ingenieros de Totsuko se veían obligados a fabricar su propio equipo. Comenzando con los
cautines, los laboriosos ingenieros hacían destornilladores utilizando resortes de motocicletas rescatadas de entre las ruinas de guerra. Construían sus propias bobinas eléctricas y usaban alambrado eléctrico de los cables telefónicos en sus productos de prueba. Aunque tales deficiencias planteaban problemas, los jóvenes ingenieros disfrutaban su trabajo.
La mayor preocupación de todos, sin embargo, era financiera. La urgente necesidad de la nueva compañía se veía agravada por la política gubernamental de adoptar una nueva moneda,

 
 

tal como lo establecía el Decreto de Medidas Financieras de Emergencia de febrero de 1946. En consecuencia, ganar nuevos yenes era vital para mantener a la compañía en operación. El producto de mayor venta que Totsuko podía ofrecer al mercado de nuevos yenes fue un cojín electro-calentado.

Ganando nuevos yenes

Para ganar dinero en la nueva moneda, Ibuka diseñó un cojín electro-calentado para uso del consumidor en los meses de invierno. Una delgada rejilla de alambre de nicromo iba insertada entre dos hojas de papel reforzado en el interior de un cojín forrado de cuero y tela. No era un dispositivo muy seguro porque carecía de termostato y no utilizaba material piroretardante. Dado que Ibuka y sus colegas no estaban dispuestos a empañar el nombre de Totsuko, el producto se vendía con el nombre ficticio de "Ginza Nessuru Shokai" ("Compañía Ginza de casi todo")

 
 

 

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